jueves, 15 de marzo de 2012

Tercera defensa de Badajoz (2ª parte)



El Castillo se había cerrado con cuidado, sehabían establecido víveres y municiones y nuestro único almacén de pólvora seencontraba allí; se había reparado completamente la brecha que hicieron losingleses en la segunda defensa; las antiguas baterías se habían restablecido yla artillería había construido otras nuevas; los minadores emplearon petardospara hacer saltar las rocas, sobre las que se elevo el muro de cerramiento dela parte exterior, con objeto de aumentar el escarpado. Este muro, de seis acatorce metros de altura, construido sobre una meseta de más de veinte metrossobre el Rivillas, que baña su base, ofrecía una seguridad suficiente. En fin, estecastillo, que debía ser nuestro último refugio, podía ser mirado como unexcelente reducto y el lugar más seguro de la plaza, para recoger los restos deuna brava guarnición, resuelta a no rendirse hasta el último extremo.

Las casernas habían sido reparadas y aumentadas, así como el hospital militar.Algunos blindajes quedaban por hacer, pero la ciudad se hallaba desprovista detoda clase de aprovisionamiento de materiales; el arbolado, que abastecía demaderas necesarias, se hallaba alejado casi tres leguas, y faltaban tambiénmedios de transportes; nuestras construcciones de albañilería nos ofrecían lasmismas dificultades; la necesidad de extraer la piedra de las canteras paraconfeccionar la cal nos impedía el tener cantidad suficiente. Por último, parahacer carbón, nos veíamos obligados a desenterrar las ramas de olivos quehabían sido quemados en los sitios precedentes. Después de esta carencia totalse puede juzgar los obstáculos que fue necesario vencer para crearse losrecursos indispensables y realizar el sistema de defensa Io mejor posible. Lamayor parte de estos trabajos se ejecutaron bajo la vigilancia del ingeniero Lefaivre, que desplegó todos susconocimientos del arte, y aportó en su ejecución la actividad y el celo másconstante.

La artillería, por su parte, se ocupo en restablecer el armamento general de laplaza y dirigió todos los trabajos relativos a este objeto, tales como laconstrucción de traveses contra las enfiladas, aberturas de nuevas cañoneras,etc., etcétera, y, de acuerdo con el jefe de ingenieros, habían preparado ensus almacenes todos los medios destructivos necesarios, para servirse de ellosdurante el sitio y en el momento de cada asalto.

Lasempalizadas de los caminos cubiertos habían sido casi totalmente destruidas enlos sitios de 1811, y era muy necesario restablecerlas. Como ya hemos dicho,las maderas a propósito para ello faltaban; una petición se hizo con esteobjeto al general Léry, quien prescribió medidas cuya ejecución fue confiada aljefe del batallón de ingenieros Truilhier,destinado entonces en Mérida; pero se retrasaron y la plaza no pudo quedarempalizada, circunstancia cuyos efectos fueron bien desastrosos, puesto quefacilitaron Ia escalada.
Elgobernador había hecho la distribución de las tropas y señalado conanticipación las obras que debía ocupar cada Cuerpo; ello probó que, en razóndel perímetro de la plaza y de las obras exteriores a guardar, la guarnición,compuesta de 5.000 hombres[i],no era muy suficiente para asegurar una buena defensa, sobre todo en lahipótesis de un ataque general. Pero las dificultades que ofrecía elaprovisionamiento de una guarnición más numerosa, había sido un obstáculo parasu aumento.

Elestado de las fortificaciones y lo corto de la guarnición con relación a lafuerza numérica de los sitiadores eran tales, que si lord Wellington hubieseintentado un ataque a viva fuerza en los primeros días del cerco, hubieseobtenido el mismo éxito que consiguió veintiún días más tarde, después de haber sufrido fatigas y pérdidas que hubieraquizá evitado a sus tropas.

Losingleses habían volado, en 1811, las casas de campo de los alrededores y lascosechas. Los paisanos, asustados, habían huido, y los terrenos se hallabanincultos. Para remediar estos accidentes desgraciados, el gobernador dio lasórdenes para laborar y sembrar las tierras por soldados en una extensión detres kilómetros, y los bueyes destinados al aprovisionamiento del sitio seempleaban en ello; los jardines abandonados fueron distribuidos a los Cuerpos ya los oficiales de Estado Mayor[ii];resolución preciosa que una sabia previsión supo procurar contra lainterrupción casi segura de las comunicaciones en el exterior. En fin, ningunode los medios que se pudieron emplear dejaron de practicarse para poner a laguarnición en estado de bastarse a sí misma.

Pocos días antes delcerco, el jefe de batallón de ingenieros Truilhierllego con el capitán Meynharl, el teniente Vallon, 50 zapadores, dos compañíasdel 64.º, formando 130 hombres, 20 soldados de cazadores de caballería del21.°, mandados por el teniente Raulet, y un convoy de 50 a 70 mulos cargados deharina; había entonces víveres enalmacén para treinta o cuarenta días solamente.


Tal era la situación cuandoapareció el enemigo...



[i] Nota del Autor: Había 400 hombres en el hospital.
[ii] “Los jardines abandonados…” debería haberse traducido como “las huertasabandonadas…”


Podemos seguir las acciones descritas en el artículo en
 http://badajoz1812.blogspot.com.es/2012/03/plano-lamare.html 

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