sábado, 6 de abril de 2013

Badajoz hace 201 años



Hoy se cumplen 201 años del asalto y toma de la plaza de Badajoz por las tropas aliadas al mando de Wellington. Este año, ampliando la entrada que ya hicimos el pasado, vamos a hacer un recorrido por las imágenes (grabados, pinturas, impresiones en tela...) que desde prácticamente la misma fecha de los acontecimientos fueron generadas por ingleses, franceses y portugueses. Mención especial para el amplio repertorio de imágenes de origen británico que van desde cuidados grabados coloreados a mano a imágenes de factura muy discreta que acompañaban libros de temática diversa (sobre The Peninsular War, sobre los sitios a lo largo de la historia, la historia del ejército británico....). Es por ello que también hemos incluido las imágenes técnicamente más pobres pues también reflejan la importancia que ha tenido ilustrar esta acción.

Algunas de las imágenes se centran en el asalto frustrado a las brechas, otras el exitoso de Picton al "castillo". Unas láminas muestran un conocimiento real de la ciudad de Badajoz por parte del autor, en otras la ciudad aparece totalmente imaginada o el encuadre es muy cercano como para reconocerla.

Muchas de estas imágenes ya las hemos compartido con anterioridad, otros en cambio los publicamos por primera vez y ya les dedicaremos una ficha individual.

Esperemos que disfruteis de este recorrido por la imagen del asalto a Badajoz de 1812...


Preparativos





Asalto a las brechas



















 










Asalto a la alcazaba


 



















San Vicente



 
 



Tras el asalto







domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Viva la Patria! Badajoz 1811. Parte V.

¡Viva la Patria!
Badajoz 1811
 Andrés Lloret Vargas 



V

El día siguiente es un día que recordaré siempre, 4 de marzo de 1811.
Como cada mañana había desayunado en mi casa de acogida y me había presentado temprano en mi puesto del baluarte de Santiago. Se veía mucho movimiento en el interior de la ciudad.
Pregunté a mi coronel qué estaba pasando, y me respondió que se había ordenado otra salida, pero esta vez con todas las compañías de granaderos disponibles de la plaza.

 -¿Granaderos?

 -Así es teniente, Menacho quiere darles un golpe que no olvidarán.

Empezaron a desembocar cientos de soldados de la puerta del Pilar, la flor y nata de la guarnición.

En ese momento apareció nuestro general, cojeando, apoyado en su sargento de ordenanzas.

 -Caballeros…hoy vamos a enseñarles a nuestros enemigos de lo que es capaz la infantería española. Lo haremos como siempre, los cañones de los baluartes empezarán primero y darán la señal para el ataque de la infantería.

Se alejó de su sargento, y caminó unos pasos, desenvainó su sable.

 -¡Soldados, este será el día en que los esclavos del tirano se arrepentirán de haber pisado nuestra patria, ahora comprobarán de qué estamos hechos! ¡Fuego a discreción!

Los jefes de batería y los de las compañías de fusiles apostadas en el baluarte repitieron la orden, en segundos, lanzamos una lluvia de destrucción a las trincheras enemigas en forma de metralla y fusilería; los demás baluartes hacían lo mismo, entonces, una marea de hombres emergió del foso de la fortaleza, y avanzó por el glacis asaltando a la bayoneta la primera trinchera, entre los estampidos de nuestros cañones apenas se podía escuchar el fragor del combate de ahí abajo.

Menacho seguía de pie, sable en mano arengándonos continuamente.

 -¡Vamos caballeros, que no asomen la cabeza por la trinchera, hay que apoyar a los valientes de ahí abajo! ¡Fuego!

Aquella marea multicolor, pues la formaban granaderos de todos los regimientos de la plaza se alejó a paso de carga, banderas con la cruz de San Andrés al viento, gritando vivas a España y al comandante de la plaza. Asaltaron la siguiente trinchera sin disparar un solo tiro y en cuestión de minutos la habían sobrepasado. Tenían una batería de sitio francesa justo enfrente que ya había empezado a disparar, pero como no tenía botes de metralla, las balas causaban claros en la formación de aquellos valientes que cargaron de nuevo contra esos cañones, nos faltó tiempo para ver con los catalejos la cruz de San Andrés ondeando en la fortificación francesa. No contentos con la hazaña, clavaron los cañones y se dirigieron a por la segunda paralela francesa. Una tercera carga, los franceses estaban ya precavidos y empezaron a disparar desde la trinchera, pudimos ver como los nuestros les respondieron con una furiosa descarga y arrojaron sus granadas al interior de la paralela…

 -Es un milagro.

Dijo Menacho apartando el catalejo de su cara y señalando la acción. Una gran explosión elevó escombros y restos de soldados enemigos.

 -¡Han destruido uno de sus polvorines!

Después de eso, los valientes granaderos formaron y regresaron en orden hasta la plaza ante la gran concentración de tropas francesas para el contraataque.
Los baluartes se llenaron de vítores a los héroes, volaron bicornios, se lanzaban continuos vivas a España y a la infantería.
Menacho se asomó por una de las troneras para felicitar a los granaderos por su exitosa salida. Entonces escuché unos estampidos en la lejanía, no provenían de Pardaleras, tampoco de la batería recién destruida, provenían de un tramo de la segunda paralela.

Ese estampido en la lejanía, después el silbar de muchas balas, era metralla disparada por una batería que seguía intacta y había respondido rápido.

 -¡Al suelo!

Yo pude cubrirme a tiempo, cuando aquel montón de balas llegaron a la muralla rebotando en troneras y cañones y generando el caos, llevándose a algunos soldados por delante. Cuando desapareció el humo puede ver una escena que me horrorizó.
Menacho estaba de pié, en una de las troneras, se estaba empezando a tambalear, fui capaz de levantarme y evitar que se cayese, pero le fallaron las piernas y tuve que dejarlo en el suelo, puse su cabeza en mis rodillas.

 -¡Mi general! ¡Mi general!

Todos los presentes en el baluarte miraban la escena con cara de horror, muchos se pusieron a rezar, otros corrieron a llamar a los cirujanos, otros se acercaron.
Empezó a escupir sangre, una esquirla de metralla le había penetrado por los vacíos del costado derecho, y manaba abundante sangre.

 -Parece que hasta aquí hemos llegado

 -No, mi general, ¡aguante!

 -Sólo lamento una cosa… no ser más útil a mi patria.

Estuvo hablando como unos quince minutos…

 -No rindáis Badajoz, vendrá el ejército de socorro y mandaremos a los perros del tirano de vuelta a Sevilla… decidle a mi mujer que la amo, y a mis hijos también, decidle, yo muero sobre estos muros, esta es mi suerte, pero la suya y la de mis hijos siempre será venturosa… aquélla es, dirán, la viuda y esos son los hijos de Rafael Menacho…

Comenzaba a atragantarse con su propia sangre hasta que finalmente dejó de hablar, su cuerpo no resistió más, y su alma fue a reunirse con Dios.

Un silencio que aún recuerdo se cernió sobre la ciudad, hombres que habían estado en la campaña del Rosellón, que habían participado en el sitio de Zaragoza, que habían estado en Talavera y Uclés… lloraron y padecieron la muerte de Menacho como la de algo más que un jefe.

Tal cual murió al pie del cañón lo llevaron a la Catedral donde lo dejaron para que lo velase la población, el estremecimiento cuando lo portábamos hasta allí fue total, la gente lloraba por aquel hombre que nos había inculcado la vitalidad y el deber de resistir al invasor como nadie

Recibió cristiana sepultura en la catedral, en un lugar secreto para evitar su profanación en caso de que la ciudad cayese.
La siguiente reunión de oficiales y jefes de la plaza fue uno de los episodios más vergonzosos que recuerdo…muchos que habrían seguido a Menacho hasta el cementerio corrieron a dar la razón a Imaz, que era ahora máximo responsable de la plaza. La mayoría opinaba en un gesto de traición incomparable al propio honor y dignidad que era mejor capitular. Unas pocas voces como la del general Juan José García se negaban a la capitulación, y menos en el estado de la plaza.

 -¡Defendamos Badajoz hasta perder la vida!

Fue la única voz digna que escuché en aquella reunión, no pude más y salí fuera de la sala…
Todo el sacrificio, toda la sangre derramada por la propia libertad… carecía de importancia, lo más grave de todo esto es que todos sabíamos de la preocupación que Imaz tenía en ofrecer a los franceses la ciudad en bandeja para intentar ganarse un futuro colaboracionista.

Aún quedaba el episodio más vergonzoso.
Se firmó la capitulación, y Soult, en señal de respeto por tan heroica defensa dejó salir de la ciudad a varias compañías de granaderos por la brecha abierta, dejando todas las armas a 200 pasos de los glacis.
Así cayó Badajoz, traicionada por sus propios defensores, que no tuvieron los arrestos de Menacho de continuar con la defensa.

Me hicieron prisionero como a los 7.000 hombres que quedaban de guarnición, y me intentaron llevar a Sevilla, me liberaron las guerrillas… pero eso, es otra historia.

domingo, 23 de diciembre de 2012

¡Viva la Patria! Badajoz 1811. Parte IV

¡Viva la Patria!
Badajoz 1811
 Andrés Lloret Vargas 






IV


Al despertar me encontré vendado y con Rosa a mi lado…

 -Buenos días soldadito.

 -Buenos días mujercita.

 -Has dormido varios días

Decía esto mientras me tocaba la frente con su suave mano.

 -¿Sí?

 -No tienes fiebre, tienes suerte, aquí ya hay muchos que están empezando a delirar…toma, bebe, este caldo lo ha hecho mi madre para ti; te sentará bien.

 -¿Ha ocurrido algo mientras estaba aquí?

 -Se han salido varias veces de la plaza… todos los que ves ahí son de ayer y antes de ayer, el hospital empieza a estar lleno.

 -¿Y vuestra familia?

 -A mi padre lo han destinado en el castillo, mi madre y mi hermana están aquí ayudando…

Mientras me contaba esto, un sargento se dirigió a mi lecho, me saludó militarmente y me dijo:

 -Teniente, le necesitamos en los baluartes.

 -Me llaman Rosa.

Aquella muchacha me miró con melancolía, y me dijo con su tierna voz:

 -Rezaré por ti.

Me ceñí mi casaca que tenía el agujero de la bala y un poco de sangre a pesar de que la habían lavado, y me dirigí a mi puesto.
Llevaba como dos horas en él cuando apareció Menacho, como siempre solo, caminando con prisa, bastón de mariscal y plumas escarlata al viento. Hacía su recorrido por los baluartes inspeccionando la defensa, hablando con soldados, dándoles instrucciones en persona y animándoles como sólo él sabía hacer.

 -¿Qué tal esa herida teniente?

 -Ha sido un rasguño mi general.

 -Eso espero, le necesitamos para hacer fuego de fusilería desde este baluarte, venga conmigo…

Se dirigió a una de las troneras y se subió en una mesa

 -Mi general, no debería hacer eso, hay tiradores por todos lados y es un buen blanco.

No me hizo caso y siguió hablando.

 -¿Ven señores? sus trincheras están a tiro de pistola. Los esclavos del tirano continúan su labor sin interrupción. Hay que hacer otra salida.

En ese momento ocurrió una escena similar a la mía, una bala de fusil, le impactó en el muslo derecho, Menacho hizo un gesto de dolor llevándose su mano a la herida recién abierta. Traté de ayudarle a bajar de la mesa pero se negó y lo hizo por si mismo. Todos los allí presentes estábamos estupefactos. De su herida empezaba a salir mucha sangre, me miró y me dijo.

 -¿Recuerda cuando nos escabullimos del cerco de Salvatierra y entramos en el de Badajoz?

 -Claro mi general.

 -Estaba herido en la misma pierna…todas las malditas balas van al mismo sitio.

Ordené a unos soldados que llamasen al cirujano, y a otros que con sus fusiles hiciesen una especie de camilla para transportar rápidamente a Menacho.
Yo me quedé en mi puesto con gran nerviosismo.

A la mañana siguiente nos lo encontramos en su habitual ronda, con una venda en el muslo, cojeando, apoyado en su bastón de mariscal.

 -Caballeros he ordenado otra salida, necesito que hagan fuego de fusil y de cañón desde este baluarte para ayudar a los de abajo… ¡A sus puestos!
A la velocidad del rayo los artilleros empezaron a poner botes de metralla en los cañones, los fusileros empezaron a cargar sus armas. En ese momento llegó un soldado corriendo y le dijo a nuestro general que el regimiento Sevilla estaba listo para salir por la puerta del Pilar a la señal, el Mariscal asintió con la cabeza, desenvainó y se dispuso a dar la orden.

 -¡¡Fuego!!

Los cañones empezaron a escupir una lluvia de metralla por las troneras, inundando el baluarte de humo al poco rato, mientras, los fusiles hacían lo propio descarga tras descarga. Los hombres del regimiento Sevilla avanzaron por el foso y el camino cubierto, rodearon el revellín por detrás, llegaron a la trinchera que estaba justo enfrente de la brecha y la asaltaron a la bayoneta… los gritos de dolor, y del fragor del combate dieron paso a los de victoria. Hubo gran cantidad de bajas en los ingenieros franceses que estaban empezando a abrir minas.
Rafael Menacho; esta vez sin peligro, se subió a una mesa, se sacó su bicornio y lo mostró en señal de respeto, después dio orden de retirada.

Durante días se repitieron las salidas, normalmente las dirigía en persona desde el baluarte de Santiago, pero a pesar de ello cada vez los franceses estaban más prevenidos y nos cañoneaban con sus baterías, cubriendo a los suyos.

Lamentablemente, nuestro general, tuvo que aceptar la situación, la herida recibida era grave, y al poco tiempo la inflamación le impidió caminar por si solo.
No obstante, continuaba con su ronda diaria apoyado en su sargento de ordenanzas y en su bastón. Nos estremecía ver la determinación de aquel hombre, casi con su pierna arrastrando cumplía con su deber, seguía hablando y animando a los hombres.

 -¿Novedad teniente?

 -Esta mañana hemos hacho varias veces fuego en respuesta de las descargas enemigas. Tres heridos en total señor.

 -¿Lleva aquí toda la mañana?

 -Mi turno de guardia señor

 -Venga, llame a su coronel, he convocado una reunión de jefes de la plaza.

 -Sí mi general.

Llegamos mi coronel y yo a la sala donde tenía lugar la reunión. Los jefes de ingenieros y artilleros discutían entre sí mientras exponían la situación.

 -Hace días que sus ingenieros están abriendo minas bajo el glacis para pasar a cubierto…

 -¿Pero olvidáis que tienen que atravesar el foso para llegar a la brecha, y una vez allí escalarla? Nuestros cañones y fusiles les provocarán una carnicería… no van a intentarlo… aún.
 -Asaltarán la brecha, puede que la tomen o no, pero tened por seguro que intentarán asaltarnos con escalas por diferentes puntos de la muralla, si nos sobrepasan por varios sectores y penetran en la ciudad, nuestra defensa se colapsará.

Menacho, sentado en su silla, con la pierna derecha en alto y la venda ensangrentada levantó la vista, y con un gesto de indiferencia le dijo a Imaz.

 -Diga lo que tenga que decir general…

Imaz tomo aire y mucho valor y le dijo a Menacho:

 -No podremos mantener la plaza mucho tiempo más. Lar reglas de la guerra consideran honrosa una capitulación con una brecha abierta en las murallas…mejor eso que continuar con una resistencia fútil…

Todos nos miramos con incredulidad y preocupación, sabíamos que muchos de nosotros opinaban como Imaz, y que no tenían valor para dejar su vida defendiendo Badajoz.
En ese momento, él se levantó de la silla en la que estaba de golpe, se apoyó en la mesa y con una mirada de odio y repulsión que jamás habíamos visto en Menacho, le espetó a Imaz:

 -Como vuelva a hacer una sola mención a la palabra capitulación le pego un tiro yo mismo… ¿comprende?

Imaz palideció y se hizo el silencio absoluto en toda la sala, muchos empezaron a aflojarse los corbatines, nos mirábamos con estupor…

 -Considere esto como un aviso; si no fuese usted mi segundo al mando en estos momentos estaría frente a un pelotón de fusilamiento. Continúen caballeros.

Prosiguió la discusión. El comandante de artilleros Camaño continuó exponiendo.

 -Nos hacen fuego constante desde sus baterías, y especialmente desde las de Pardaleras.
Nuestros cañones se encuentran operativos, se sospecha de que hayan emplazado morteros, pueden abrir fuego en cualquier momento. Desde sus baterías del Oeste, frente al fuerte de Picuña lanzan bombas sobre la ciudad, con objetivo de amedrentar a la población, las murallas de la zona están intactas; no obstante, no provocan graves daños en el vecindario. Tal y como ordenasteis hemos emplazado una batería de a 12 para hacer fuego de contrabatería desde el fuerte de Picuña… parece ser que cesan los esfuerzos enemigos por esta parte. En total, hoy se han disparado 325 proyectiles sobre la ciudad.

Entonces habló un general anciano, de la vieja escuela, creo que se llamaba Juan José García.

 -Señores, este es el momento decisivo, como en Gerona, como en Zaragoza; podemos resistir el asalto por la brecha y con ayuda de los civiles armados frenar cualquier asalto con escalas que intenten.
Tenemos las murallas intactas, y toda la población a nuestro favor. ¡Resistamos!

Desde su silla Menacho dijo:

 -¿Qué sabemos del ejército de socorro?

Hacía semanas que no habíamos tenido noticia alguna de ese ejército; no sabíamos si se había destinado a atacar la retaguardia de Massena en Portugal, o al socorro de Badajoz.
Ante el silencio siguiente dijo:

 -Resistiremos igual. ¿En qué estado se encuentran los trabajos de fortificación internos Albo?

 -Se han aspillado todas las casas próximas a la brecha; hemos levantado barricadas,  cavado fosos en los puntos clave, y colocados varios cañones. Además se han fortificado conventos como puntos de resistencia internos como los demás cuarteles. Dichos puntos serán defendidos por tropas regulares y por la milicia urbana recién creada.

Menacho pensativo se levantó una vez más, y nos dijo:

 -Caballeros…hay que resistir, pensad en todos los horrores a los que someteremos a la población si caen en manos francesas, nuestro honor de militares nos lo dicta, antes moriremos en la muralla que ver Badajoz tomada por el enemigo… ¡Viva la Patria!

 -¡Viva!

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Viva la Patria! Badajoz 1811. Parte III

¡Viva la Patria!
Badajoz 1811
                                                                                   Andrés Lloret Vargas 




III


Para nuestra suerte, el 5º Ejército español se encontraba acampado en el otro lado del Guadiana, protegido por el cañón del fuerte de San Cristóbal, unos 10.000 hombres que guardaban Badajoz y su comunicación con Elvas. En mis momentos de descanso, me gustaba subirme al castillo moro, y ver el campamento español en el horizonte, daba mucha confianza. Ese ejército lo mandaba el Teniente General Gabriel de Mendizábal, desde la cercada ciudad nos sentíamos seguros, y los franceses empezarían a tener miedo. Menacho aprovechó para mandarle carta a su mujer que se encontraba en Elvas con sus hijos; yo entregué al emisario su última carta, el 18 de febrero. El día siguiente tuvo lugar un desastre que nos sacudiría de un plumazo las esperanzas de victoria…


No fui testigo de lo que ocurrió, me extrañó que no disparasen con tanto brío a las murallas como en días anteriores, lo achaqué a la niebla que les impedía vernos. Sólo supe por los ruidos de la lejanía y en conversaciones con mi coronel y otros soldados que vieron la batalla. Soult había desplazado la mayoría de sus fuerzas cruzando Guadiana arriba con mucha caballería y artillería volante, salió de entre la niebla cargando con sus columnas de infantería contra la rápidamente formada infantería española; mientras que su superior caballería ponía en fuga a nuestros jinetes. Mendizábal no fortificó su posición, como le recomendó el inglés, los nuestros formaron rápidamente dos grandes cuadros ante el acoso de la caballería, entonces Soult emplazó rápidamente dos cañones tirados por caballos que empezaron a disparar metralla contra las formaciones españolas, segando las filas como guadaña la hierba, fue una masacre, los nuestros aguantaron hasta que los cuadros dejaron de ser tal cosa, y todo se desmoronó. Los franceses iniciaron la persecución de los restos de 5º Ejército, algunas de sus unidades pudieron retirarse sin dar la espalda, en orden, hasta Badajoz, aumentando la guarnición de la plaza y llenando un poco más sus hospitales. La ciudad estaba totalmente rodeada.

Seguía el bombardeo a la ciudad… Las trincheras enemigas zigzagueaban acercándose a la muralla, los teníamos a tiro de fusil. A pesar de nuestros esfuerzos sus cañones no se estaban quietos, y ocasionaban cada vez más daño a la muralla, y destrozos en las viviendas.

Había días en los que disparaban cientos de bombas que ocasionaban destrozos y víctimas entre la población civil. Con esto Soult pretendía amedrentar el ánimo de los defensores más que destrozar las murallas. No obstante, estas empezaban a ser imposibles de reparar, y el enemigo logró abrir una brecha de 30 metros en la cortina que unía los baluartes de Santiago y San Juan, este hecho hacía peligrar la posesión de la plaza.

Así las cosas, me destinaron en el baluarte de Santiago para hacer fuego de fusil desde allí. Muchas veces, situaban sus tiradores en la trinchera más próxima, y nos hostigaban continuamente, con poco efecto, pero era temerario descubrirse por encima de las troneras.
Menacho, alarmado por la brecha, continuaba mandando en persona en las murallas, dando órdenes a jefes y soldados por igual. No tenía ni daba un minuto de descanso, la situación lo exigía. Recorría todos los baluartes y lienzos de muralla de la plaza, con su bastón de mariscal en la mano y las plumas de su bicornio al viento.

En uno de los descansos que otorgaba el bombardeo francés, me encontraba charlando con el mismo subteniente que me ofreció el cigarro aquella noche. Por más que lo intento no puedo recordar su nombre.

 A mediados de febrero, mi coronel me llamó para acompañarle en una reunión de los oficiales de la plaza. Estaban todos reunidos en el despacho de Menacho.
Comenzó el comandante de ingenieros de la ciudad.

 -Caballeros, lamento informarles que el enemigo ha logrado su objetivo, han abierto una brecha practicable en nuestras murallas y nos es imposible repararla. Pueden asaltarla en cualquier momento. En toda la muralla no hay mayores daños, el revellín de esa brecha está intacto, la contraescarpa no ha sido perforada, y sus trincheras no han sobrepasado el glacis. Pero se encuentran en condiciones de invertir a su favor la situación, con Pardaleras ocupado han instalado una batería en él, y nos hace fuego en oblicuo hacia el baluarte de Santiago, es cuestión de tiempo que inutilicen su batería.

El comandante de artillería secundó a su compañero en la exposición del estado de la plaza.

 -Las baterías de los flancos se encuentran operativas, el tiro raso de los cañones de Pardaleras no puede silenciar nuestros cañones; sin embargo sus trincheras están lo suficientemente cerca como para emplazar morteros, es el único método por el que pueden silenciar nuestras piezas.
Posiblemente intenten asaltar la brecha, pero a día de hoy, ese asalto puede ser frustrado

En ese momento, el coronel de mi regimiento expuso su opinión.

 -Señores; la plaza está totalmente segura, es imposible que en las actuales circunstancias asalten la brecha, sería una masacre.

Le cortó de súbito el general Imaz, segundo jefe de la plaza.

 -¿Y si dentro de unas semanas lo intentan? Pueden penetrar dentro de la ciudad, y sólo Dios sabe qué pasará entonces.
Mientras Imaz hablaba, Menacho estaba en silencio, absorto en sus pensamientos y en los mapas; de vez en cuando alzaba la vista para observar la discusión. Todos esperábamos que dijera algo, como así fue.

 -Tarde o temprano destrozarán nuestras baterías, acercarán sus trincheras y nos asaltarán, ellos lo saben, por eso esta mañana he tenido que negarme a recibir a uno de sus emisarios, que pretenden hacernos capitular. Me han llegado informes de otro ejército de socorro para la plaza, los ingleses nos ayudarán, unos 15.000 infantes y 3000 caballos, hay que resistir hasta que lleguen.

Continuó pensativo unos instantes, estaba calculando mentalmente los días de resistencia posibles en el interior de la ciudad si las murallas caían…

 -Quiero que se abran aspilleras en las casas inmediatas a la muralla, si es necesario colocaremos cañones en las calles, hay que levantar barricadas por toda la ciudad; hay que frenarlos en seco en el interior con el fuego de fusil y la metralla del cañón. Calculo al menos tres semanas de resistencia, tiempo suficiente para la llegada del ejército de socorro.
Sus cañones no podrán ayudarles murallas adentro, la lucha será casa por casa, hombre contra hombre…Badajoz no se rendirá…

Una vez más todos nos sentimos llenos de valor para continuar resistiendo, creíamos en la victoria, resistiríamos hasta la llegada del ejército de socorro.

Al llegar aquel día a mi hogar, las mujeres de la casa estaban en el hospital militar ayudando a los heridos. Don Jaime estaba solo frente al fuego, leyendo la gaceta del día. Cansado, me senté a su lado, al calor de la lumbre; tenía mi sable encima de las piernas, la luz de las llamas hacía relucir la funda.
Don Jaime sin levantar la vista de la lectura me dijo.

 -Teniente, ¿recuerda que le dije que sabríamos dar buena cuenta de los franceses como en Zaragoza?

 -Sí

 -Menacho ha ordenado a todos los paisanos capaces que se presenten en la catedral para formar partidas de combatientes que ayuden a la defensa.

Mientras acababa de decir eso se escuchaba de forma lejana el cañón francés, y sus impactos en las casas de la ciudad.

 -Están disparando bala

 -¿Cómo lo sabe teniente?

 -Ahora lo verá

Las campanas de la catedral hicieron un único toque, era la señal para los habitantes de que eran balas y no granadas o bombas lo que se estaba disparando. Se hizo el silencio en la estancia, únicamente interrumpido por el chasquido de la leña.
Continúa la conversación.

 -¿Y se presentará usted Don Jaime?
 -Naturalmente que sí, aún soy útil…y en ese armario hay para armar a unos cuantos. Mañana me tendrá usted en la catedral con mi escopeta y mi canana llena.

Sabía que en la ciudad había muchos como él; hombres sencillos que veían peligrar sus haciendas y vidas, y las de sus seres queridos, y empuñaban las armas para defenderse.

Esto me reconfortaba aún más… defenderíamos Badajoz hasta la muerte, casa por casa o la perderíamos, pero estaba seguro de que ganaríamos la guerra.
Seguía pensando, y en cuanto quise darme cuenta me estaba despertando la pequeña de la familia, me había quedado dormido.
Ya había anochecido y nos dispusimos a cenar. El tema de conversación de aquella velada fue la decisión de Don Jaime de participar en la defensa empuñando las armas.
Las hijas y la mujer no querían, pero el hombre se mantuvo en sus trece, y consideraba eso como un deber, como una cuestión de honor, algo así como una prueba que se le había encomendado y debía cumplir.
Continuaba cansado, participé poco de la conversación, finalmente la mujer se resignó y me dijo que cuidase de él, que no era un hombre de armas, que a lo más que llegaba era a cazar liebres.

 -Se hará lo que se pueda Doña Carmen, se hará lo que se pueda…

Acabamos de cenar y me despedí de aquella familia hasta la mañana siguiente.

Me despertó como siempre el pífano que anunciaba el cambio de guardia, me vestí rápidamente y bajé a comer algo antes de marchar como tantos otros días.

Llegué a mi puesto en el baluarte de Santiago. Los soldados estaban allí limpiando fusiles, cambiando piedras, revisando cartucheras y charlando animosamente.
Me dispuse a ir a una de las troneras para ver la situación del enemigo.
En un acto de temeridad me asomé por una de ellas, sin duda los tiradores enemigos estaban atentos a los baluartes, pude ver las trincheras en diagonal, las baterías enemigas, y en el cerro del viento su campamento. Empecé a pensar que no debía estar ahí, pero era imposible hacer blanco a esa distancia con un fusil.
Pensaba en eso cuando un certero disparo efectuado desde no se sabe dónde me derribó, me impactó en el hombro, destrozando mi charretera. Estuve unos segundos pensando qué había pasado, cuando mis hombres me llevaron inmediatamente al hospital militar.

Mi estancia allí, aunque corta, es uno de los peores recuerdos que tengo. Me postraron en un camastro y me quitaron la casaca. Estuve largo tiempo esperando al cirujano, todo a mí alrededor eran lamentos, quejidos y gritos de dolor, giré la cabeza intentando huir de todo aquel horror y me encontré con el subteniente que me dio el cigarro aquella fría noche. Él también estaba en cama, le habían arrancado la mano en la muralla y le tuvieron que cortar hasta el codo. En un gesto de camaradería que no olvidaré me ofreció un trago de su brandy.

 -Tome teniente, le aliviará el dolor.

Apenas acerté a agradecérselo con un gesto. Mientras trataba de aislarme una vez más de aquella situación.
Llegó el cirujano con un delantal lleno de sangre reseca y me preguntó mientras miraba mi herida:

 -¿Cómo ha sido eso teniente?

 -En el baluarte de Santiago, un tirador con buena puntería, y un oficial despistado.

Mientras esbozaba una sonrisa se limitó a examinar la herida y mientras sacaba su instrumental dijo:

 -Hay que sacar la bala, tiene suerte de que no le haya roto ningún hueso, pero si no se la saco, se infectará, le aparecerán fiebres y se gangrenará, y entonces será peor.

Tragué saliva, era la herida más fuerte que me habían hecho hasta ahora, y no sabía qué pasaría, pero aquel cirujano con aspecto de carnicero era mi única esperanza.

 -No tengo láudano ni nada para calmarle el dolor, lo siento.

Y me colocó un palo en los dientes para morderlo y que no me cortara la lengua.

 -No se preocupe, será rápido.