viernes, 1 de abril de 2011

Carta del General Menacho a su Esposa 1811


Título: Carta del General Menacho a su Esposa

Publicación: Diario "El Conciso" de Cádiz

Fecha: Sábado 10 de Agosto de 1811 (publicación en el diario)

Tipo de documento: Prensa Histórica

Fuente digital: Prensa Histórica del Ministerio de Cultura

Descripción:

Se trata de una de las últimas cartas escritas por el General Menacho a su esposa antes de caer en el sitio de Badajoz en 1811, publicada en "El Conciso" de Cádiz ciudad natal del general unos meses después de su muerte. En esta carta Menacho antepone la patria y sus deberes con España a su familia, hace un alarde de heroísmo y de patriotismo contra el invasor francés. Sin duda un documento único y emocionante.

Transcripción:

¡Yo prisionero…! ¡Yo a Francia! ¡Yo atado al carro triunfal del bandido Soult…! ¡Cuánto tus temores ofenden mi gloria! Tu amor recela lo que ni aun en el delirio de su ambición se atreve él a desear. Te amo, sí… Amo a nuestros hijos; pero este mismo amor me enciende más en el amor a mi Patria. ¿De qué, pues, podré servirle en París, dando un espectáculo…? ¡Idea horrible! Sí; Dios tiene decretada la ruina de Badajoz, no mi ignominia. Sus divinos arcanos están en vueltos en una noche inescrutable aun a los Angeles; bástale al hombre que incesantemente le llame a la virtud. ¿Y que otra más sagrada pudo escribirse cuando armé mi brazo con la espada vengadora de su nombre, de sus altares de sus… Odio eterno hasta más allá del sepulcro! Yo se lo juré; yo lo cumpliré. Sostenido por su omnipotente brazo y por el valor que inspira en cada uno de estos héroes que me ha dado gobernar, seré ejemplo al mundo de lo que puede un caudillo armado y obedecido.

¡Capitular…! ¡ O día de gloria! ¡Véote llegar, y mi alma regocijada se exhala a recibirte. Vedles compañeros: ya llega …! ya llega el término señalado para que sirváis de admiración a todos los siglos. Llegó… ¡Ved los fosos convertidos ya en sepulcros de esos abominables enemigos de Dios y de los hombres: ved a aquellos correr despavoridos huyendo de la muerte, y que a su despecho la encuentran en la ignominia: ved sus huestes ominosas reducidas ya a un corto número de desalentados. ¡Más ah! ¡que ya de los defensores de estos muros faltan los más señalados! ¡Más ah!¡ que los pocos que quedamos … debemos mirar a los que nos han precedido! ¡Debemos dejar menos enemigos a los que han de vengarnos! Esto es ya lo único que de nosotros esperan: esto es ya lo único que podemos hacer: hagámoslo, pues, por nuestra religión, y por nuestra patria. Ella llora como igualmente perdidos sus hijos muertos o aherrojados: no lo seamos para su gloria, ni para la nuestra. Muramos, sí: pero sea sacrificando antes a su justicia, cuantas víctimas alcance la espada de nuestra indignación: hagamos a nuestros hermanos más fáciles los triunfos que deben coronarlos.

Estos son, amada esposa, mis votos de ti bien sabidos. Felicitome desde ahora, de que por mí seas objeto de la gratitud y del amor de los buenos. Sí; cualquiera que sea mi suerte, vencedor o muerto, la tuya será siempre envidiable. Aquella es, dirán todos señalándote con el dedo, aquella es la mujer o la viuda, y aquellos son los hijos de, “Menacho”
Documento Original de "El Conciso"


Portada


Página 5 del diario


Pagina 6 del diario
Como curiosidad esta misma carta fue publicada en El Lince de Cuba 3 meses después de su publicación en "El Conciso de Cádiz" ver aquí

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