lunes, 19 de marzo de 2012

19 de marzo de 1812


El 19, el gobernador, queriendo retardar la marcha rápida de los sitiadores y aumentar las pérdidas que los puestos avanzados temerariamente les hacían, ordeno una salida. Dos batallones, cada uno de 500 hombres, mandados por los jefes de batallón Barbot y Perrez, llevando en cabeza cien soldados de ingenieros, dirigidos por el capitán de minadores C.J Lenoir, 40 caballos y un canon, salieron de la plaza a mediodía por la puerta de Trinidad.

Estas tropas, reunidas bajo las órdenes del general Veiland, desembocan por la izquierda de la luneta de San Roque, efectuando un cambio de dirección a la derecha; formaron en seguida en línea y se apostaron rápidamente en la paralela y terrenos a retaguardia. Apenas desplegados, el enemigo abandono sus obras con precipitación y huyo hasta las alturas de San Miguel.

La caballería, al mando del teniente de dragones Lavigne, rebaso la paralela al galope y penetro hasta en los vivacs, mientras que un destacamento de cien hombres salía de la Picuriña y atacaba igualmente la izquierda. Entretanto, los zapadores destruyeron una gran parte de la paralela y se llevaron 545 útiles. Este resultado era todo lo que se podía obtener de un puñado de combatientes, lanzados a una gran distancia de la plaza. Al cabo de una hora los ingleses se rehicieron, tomaron la ofensiva y bien pronto, tan débil destacamento de la guarnición, se vio atacado por tan numeroso enemigo, que por prudencia emprendió la retirada; pero, como el 10 de mayo de 1811, resistió largo tiempo, lo que le hizo pagar cara la ventaja obtenida al principio. A pesar de todo, el general Veiland realizo la retirada en buen orden.

Nuestras pérdidas en esta salida fueron 20 hombres muertos, 160 heridos, de ellos 13 oficiales. El jefe del batallón Perrez, del 28º, oficial muy distinguido, murió a consecuencia de una herida que recibió en el pie. El ayudante de campo Saint- Vicert, tuvo un caballo muerto. La caballeria hizo algunos prisioneros. El enemigo perdió más de 300 hombres.

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Del "Diario de los Sitios" de Jones:

Los trabajadores fueron distribuidos a lo largo de la paralela, los aproches y las baterías.

Durante la noche la guarnición elevó los parapetos del Fuerte de la Picuriña y formó una buena cubierta de sacos terreros para los tiradores en el camino cubierto, desde donde mantuvieron continuas descargas sobre todo lo expuesto a su vista...

El fuego de la artillería de la ciudad se incrementó notablemente esta mañana, particularmente sobre la porción de paralela abierta durante la noche...

A la 1 p.m. la guarnición realizó una salida con 1.500 de infantería y 40 de caballería. Salieron de la ciudad por la puerta de Talavera (Puerta Trinidad), y la infantería formó en línea a cubierto, en la comunicación entre la luneta de San Roque y el reducto de la Picuriña. Tan pronto como formaron avanzaron en buen orden y rápidamente y alcanzaron la paralela antes de que los hombres pudieran armarse o la guardia organizarse para recibirles. Mientras la infantería avanzaba la caballería rodeó el flanco derecho de la paralela a galope corto y en pocos minutos llegaron hasta los almacenes situados 1.000 yardas a retaguardia de las trincheras.

La guardia y los equipos de trabajo fueron sorprendidos y expulsados de la paralela con gran desorden, pero antes de haber retrocedido cincuenta yardas fueron reunidos por los oficiales y volviéndose cargaron contra los asaltantes, desalojándolos de la paralela y persiguiéndolos mucho más allá.

La caballería francesa causó gran confusión entre el personal desarmado del parque de ingenieros, recibiendo gran número de heridas por sable, pero al aproximarse las unidades armadas se retiraron sin haber destruido los almacenes de material.

Los zapadores franceses que acompañaban a la infantería rellenaron una pequeña porción de la paralela durante los breves minutos que la salida mantuvo la posición, llevándose unas 200 herramientas.

Las pérdidas de los sitiadores por causa de esta salida se aproximó a los 150 oficiales y tropa muertos o heridos; entre ellos estaba el Teniente Coronel Fletcher, el jefe de ingenieros.

Para prevenir acciones similares de la caballería francesa, algunos escuadrones de dragones se unieron a la fuerza sitiadora, y un escuadrón junto con una batería de artillería de campaña se mantuvo continuamente montada tras las alturas de San Miguel. Un puesto de señales se intaló durante la tarde en el Cerro del Viento, en un punto desde el que se dominaba la retaguardia del camino cubierto de la ciudad al Fuerte de la Picuriña, para avisar inmediatamente al jefe de la fuerza en las trincheras de la más mínima reunión de tropas.

La mitad del tren de artillería de sitio fue traido este día y estacionado en una ubicación a cubierto al noreste del parque de ingenieros, a unas 2.500 yardas de la plaza, y la otra mitad se quedó junto al puente del Guadiana [i]. La munición se trasladó en carros de bueyes desde Elvas hasta el puente y transportada desde éste hasta el parque mediante los mulos del ejército.

A las 3 p.m. una intensa e ininterrumpida lluvia comenzó a caer.
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 [i] Al hablar del puente del Guadiana se refiere al puente de barcas tendido por los británicos aguas abajo del río.

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